AVISOS IMPORTANTES

La filosofía tolteca nos propone cinco acuerdos básicos

La filosofía tolteca nos propone cinco acuerdos básicos

1. Sé impecable con la palabra.

Las palabras poseen una gran fuerza creadora, crean mundos, realidades y, sobre todo, emociones. Las palabras son mágicas: de la nada y sin materia alguna se puede transformar lo que sea. El que la utilicemos como magia blanca o como magia negra depende de cada cual.

Con las palabras podemos salvar a alguien, hacerle sentirse bien, transmitirle nuestro apoyo, nuestro amor, nuestra admiración, nuestra aceptación, pero también podemos matar su autoestima, sus esperanzas, condenarle al fracaso, aniquilarle. Incluso con nuestra propia persona: las palabras que verbalizamos o las que pensamos nos están creando cada día. Las expresiones de queja nos convierten en víctimas; las crítica, en jueces prepotentes; un lenguaje machista nos mantienen en un mundo androcéntrico, donde el hombre es la medida y el centro de todas las cosas, y las descalificaciones autovictimistas (pobre de mí, todo lo hago mal, qué mala suerte tengo) nos derrotan de antemano.

Si somos conscientes del poder de nuestras palabras, de su enorme valor, las utilizaremos con cuidado, sabiendo que cada una de ellas está creando algo. La propuesta de Miguel Ruiz es, por tanto:

“Utiliza las palabras apropiadamente. Empléalas para compartir el amor. Usa la magia blanca empezando por ti. SÉ IMPECABLE CON LA PALABRA”.

2. No te tomes nada personalmente.

Cada persona vive su propia película en la cual es protagonista. Cada persona afronta su propia odisea viviendo su vida y resolviendo sus conflictos y sus miserias personales. Cada cual quiere sobrevivir el sueño colectivo y ser feliz. Y cada cual lo hace lo mejor que puede dentro de sus circunstancias y sus limitaciones.

Las demás personas sólo somos figurantes en esa película que cada cual hace de su vida, o a lo sumo personajes secundarios. Si alguien me insulta por la calle (o yo lo percibo así) con casi toda seguridad no tiene nada o muy poco que ver conmigo; es simplemente su reacción a algo que está pasando fuera (un mal día con su pareja o en el trabajo, una discusión con su hija), o más probablemente dentro (preocupaciones, ansiedad, frustración, impaciencia, una gastritis o un dolor de cabeza).

La impaciencia o las exigencias de tu pareja, de la vecina del rellano o de la cajera del supermercado, las críticas de tu hijo o en el trabajo, nada de eso es personal. Cada cual está reaccionando a su propia película.

Hay mucha magia negra fuera, lo mismo que la hay dentro de ti misma, o de mí. En cualquiera, en algún momento de su vida, en algún momento del día. Todo el mundo somos “depredadores emocionales” alguna que otra vez.

“Tomarse las cosas personalmente te convierte en una presa fácil para esos depredadores, los magos negros… Te comes toda su basura emocional y la conviertes en tu propia basura. Pero si no te tomas las cosas personalmente serás inmune a todo veneno aunque te encuentres en medio del infierno”, asegura Miguel Ruiz.

Comprender y asumir este acuerdo nos aporta una enorme libertad. “Cuando te acostumbres a no tomarte nada personalmente, no necesitarás depositar tu confianza en lo que hagan o digan sobre ti las demás personas. Nunca eres responsable de los actos o palabras de las demás personas, sólo de las tuyas propias. Dirás “te amo” sin miedo a que te rechacen o te ridiculicen”. Siempre puedes seguir a tu corazón.

Respecto a la opinión ajena, para bien o para mal, mejor no depender de ella. Ésa es otra película. NO TE TOMES LAS COSAS PERSONALMENTE.

3. No hagas suposiciones.

Tendemos a hacer suposiciones y a sacar conclusiones sobre todo. El problema es que al hacerlo creemos que lo que suponemos es cierto y montamos una realidad sobre ello. Y no siempre es positiva o está guiada por la confianza o el amor, sino más frecuentemente por el miedo y nuestra propia inseguridad.

Deduzco que alguien se ha enfadado conmigo porque no respondió a mi saludo al cruzarnos y mi mente organiza toda una realidad sobre eso. Y se rompen puentes entre la otra persona y yo, difíciles de salvar. Lo mismo con nuestra pareja, con la vecina, con la escuela. Creamos realidades en base a comentarios o elementos sueltos (cuando no en base a chismes malintencionados).

“La manera de evitar las suposiciones es preguntar. Asegúrate de que las cosas te queden claras… e incluso entonces, no supongas que lo sabes todo sobre esa situación en particular”, insiste Miguel Ruiz. En última instancia y si te dejas guiar por la buena voluntad, siempre te queda la confianza… y la aceptación.

Nunca nada que pasa fuera es personal. Pero en cualquier caso, NO SAQUES CONCLUSIONES PRECIPITADAMENTE.

4. Haz siempre lo mejor que puedas.

El cuarto y último acuerdo permite que los otros tres se conviertan en hábitos profundamente arraigados: haz siempre lo máximo y lo mejor que puedas. Siendo así, pase lo que pase aceptaremos las consecuencias de buen grado. Hacerlo lo mejor posible no significa que tú y yo tengamos que hacerlo de la misma manera, ni siquiera que mi respuesta en estos momentos sea la misma que en otro que me siento cansada, o no he dormido bien, o me siento llena de amor y confianza y tremendamente generosa. Se podría decir que en cada momento de nuestra vida somos diferentes, en unas circunstancias y con unas limitaciones concretas. A veces podemos responder a lo que interpretamos como una “provocación” con una sonrisa irónica o divertida, con sentido del humor, o con una carcajada retadora, o incluso a gritos. Pero siempre podemos intentar ser impecables con la palabra, no tomárnoslo personalmente y no sacar conclusiones precipitadas… dentro de nuestras limitaciones físicas, anímicas y en general, de cada momento. Si lo intentamos, de la mejor manera que podemos, ya es suficiente.

“Verdaderamente, para triunfar en el cumplimiento de estos acuerdos necesitamos utilizar todo el poder que tenemos. De modo que, si te caes, no te juzgues. No le des a tu juez interior la satisfacción de convertirte en una víctima. Simplemente, empieza otra vez desde el principio.”

5.-  Sé escéptico, pero aprende a escuchar

Al ser escépticos no creemos cada mensaje que escuchamos; dejamos de poner nuestra fe en mentiras y así podemos dejar atrás el drama emocional, la victimización y los sistemas de creencias limitantes que nuestra “domesticación” nos ha programado.

El 5to acuerdo nos prepara para revelar la sabiduría innata y vivir nuestras vidas de acuerdo con la verdad.

Ser escéptico no es una posición social. No es tratar de ser muy inteligente. No tiene nada que ver con la importancia personal. Ser escéptico quiere decir: no me creas, no te creas a ti mismo y no le creas a nadie más, pero aprende a escuchar. Tú vives en tu propia creación. Todo lo que conoces, es una realidad virtual que es únicamente real para ti, para nadie más. Al mismo tiempo te das cuenta de que toda la gente que te rodea son iguales a ti. Ellos crearon una realidad virtual en la cual ellos viven. Cualquier cosa que ellos te digan, probablemente sea verdad en su realidad virtual, pero no necesariamente va a serlo en tu realidad. No les creas, pero escucha. Porque al escucharlos, entiendes esa realidad de la cual ellos vienen, el sueño en el cual ellos viven. Si aprendes a escucharlos, puedes hablar el mismo idioma que ellos. Y no me refiero a ingles, español o al chino, sino a eso que está detrás del conocimiento, lo que realmente quieren expresar.

Probablemente lo más importante es no creerse a sí mismo. Es decir, no te creas tus propias mentiras; en especial cuando dices que no eres lo suficientemente buena, lo suficientemente bella, que no eres lo suficientemente fuerte, porque son limitaciones que tú te creas y son únicamente verdad para ti. Si aprendes a escuchar la voz del conocimiento que existe en tu cabeza, entonces te vas a dar cuenta de que casi todo lo que dice son mentiras. Al aplicar el quinto acuerdo “Se escéptico pero aprende a escuchar” te darás cuenta de una realidad extraordinaria: todo lo que conocemos es únicamente verdad porque lo aprendimos.
Cuando nacimos no teníamos conocimiento, todo lo aprendimos. Decimos que es verdad porque todos nos pusimos de acuerdo en el significado de cada elemento, de cada palabra, de cada símbolo. Una vez que entendemos el significado, aprendemos a pensar y nos damos cuenta de que nosotros creamos el idioma que hablamos, el conocimiento que tenemos, y al hacer estos acuerdos invertimos algo que conocemos como fe; que es creer en algo cien por ciento, sin lugar a dudas. Pusimos nuestra fe en cada símbolo y al final nosotros nos quedamos sin ella. El conocimiento rige todas nuestras actividades, convirtiéndose en un gran tirano. Es por eso que tenemos esa vida de guerrero. Cuando finalmente aplicas el quinto acuerdo ya no hay guerra en la mente y encontramos algo que conocemos como paz mental. Esto es lo que podríamos llamar el sueño del maestro

Andros

diciembre 2nd, 2015

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