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Theremin, el instrumento invisible

Theremin, el instrumento invisible

En el mundo de la música, siempre se dio por sentado que fue Brian Wilson quien utilizó por primera vez un Theremin en la eterna”Good Vibrations de los Beach Boys. El instrumento electrónico producía un sonido extraño, mágico, particularmente muy parecido a lo que hoy se llama vulgarmente sintetizador.

Mi mayor interés se centralizó en conocer ese nuevo instrumento tan diabólico. Llegué a saber que había sido Hitchcock quien se había empeñado en utilizar en sus películas semejante invento que producía sonidos irreales e inquietantes.Ruidos del más allá. Perfectos para las escenas oníricas con el subconsciente de Gregory Peck y los increíbles decorados de Salvador Dalí en Recuerda. Pero no fue la primera película y disco en que se utilizó el maravilloso Theremin.

El músico húngaro Mirlos Rosza no le dijo nada a Hitchcock, pero había utilizado el Theremin semanas antes en la banda sonora de la deprimente Días sin huellade Billy Wilder, con la odisea alcohólica de Bing Crosby. Aún así, la banda sonora de Recuerda fue quien se llevó el Oscar. Hace justo ahora 60 años. Rozsa había utilizado al doctor Samuel Hoffman para tocar el extraño Theremin. Como Bernard Hermann lo utilizó en la maravillosa Ultimatum a la Tierra.

Ruidos de otro mundo

Peor fue mi sorpresa al saber que Brian Wilson ni siquiera había utilizado el auténtico Theremin en Good Vibrations, porque los originales, los auténticos eran muy difíciles de tocar. En su lugar, había grabado con el Electro-Theremin, que era una copia más o menos ajustada al original. Pero la locura y la fantástica aventura de tocar el increíble Theremin se extendió poderosamente, ya que se producían esos sonidos sin que hubiera contacto físico con el instrumento. Un instrumento electrónico que utilizaba el simple éter. Un trombonista llamado Paul Tanner llegó a crear algo que mimetizaba el sonido de Theremin en el tema de los Beach Boys.

Pero, ¿de dónde procedía, quién había construido aquel fabuloso y extraño instrumento que se enchufa a la electricidad y que podía provocar semejantes sonidos con dos antenas de metal, tan sólo moviendo cerca o lejos las manos con respecto a ellas?

Ahora sabemos perfectamente que su inventor fue el doctor en física Lev Sergeyevich Termen, que se convertiría en Leon Theremin, en el mundo occidental. El doctor llegó a patentar su instrumento para la RCA en el año 1928. Theremin, en realidad, lo había diseñado casi 10 años antes y lo presentó a un grupo de científicos creado por el recientemente nombrado secretario general del soviet, Joseph Stalin, en octubre de 1920, en plena hambruna rusa y poco después del fin de la guerra civil. Theremin demostró a todos los científicos del estudio Ivan Pavlov de que con su construcción de un oscilador de frecuencias,podía generar tonos auditivos y llegaba a cambiar la afinación según acercaba su mano a una antena metálica del oscilador. Leon le recordó que era músico y recordó que sabía tocar parte del Cisne de Saint-Saens. Eso es lo que les tocó a los científicos aquel 27 de noviembre del año 1920.

Lo llamó “Etherphone”, por el sonido provenía del propio aire. Luego, quiso ganar dinero y lo patentó en Alemania como Thereminvox. Hasta que finalmente pudo llegar a Nueva York en diciembre de 1927. Leon pudo dar un concierto de música clásica con su Theremin y la Filarmónica de Nueva York. Inmediatamente después, la RCA se aprovechó de Leon para lograr los derechos y patente de producción en masa. Theremin y su invento se hicieron muy populares a base de conciertos y apariciones en los programas de radio norteamericanos de la época. En sus más acérrimos fans, el compositor Joseph Schillinger y un aficionado al violín llamado Albert Einstein. Contó también con la ayuda de una maravillosa música rusa exiliada en Nueva York, Clara Rockmore, que se convirtió en la fantástica virtuosa del excepcional Theremin.

Secuestrado por la KGB

Theremin vivió a lo grande durante 10 años. Incluso alabó el capitalismo en su escandalosa medida. Se separó de su esposa rusa y se casó con una bailarina afro-americana llamada Lavinia Williams. Pero en 1938, en los albores o los movimientos extraños del inicio de la Segunda Guerra Mundial, Theremin desapareció de Nueva York. Leon dijo que se había cansado de la rutina del capitalismo. Se dijo también que Theremin tenía problemas con el fisco americano. Pero otras versiones apuntan a que, simplemente, fue secuestrado por la KGB de Stalin y encarcelado en la famosa prisión moscovita de Butyrika para ser trasladado definitivamente al gulag de las minas de oro en Kolyma, en el este de Siberia. El KGB le puso a trabajar en el gulag en experimentos electrónicos. Fue incluso compañero del gran Andrei Tupolev, el creador de los primeros aviones rusos.

En el gulag, Leon inventó lo que con el tiempo conoceríamos como el micrófono láser para detectar desde lejos las vibraciones del sonido y, por tanto, cualquier conversación. El invento de Leon fue prontamente reconocido por el peligroso Lavrentiy Beria y utilizado en las las embajadas soviéticas en Londres, París y Washington como método de espionaje. Con el Theremin, Beria incluso llegó a espiar al mismo Stalin. En el año 1947, tras haber logrado otros inventos, fue puesto en libertad. Había vivido casi 10 años en el gulag de Kolyma. Nunca sabremos la verdad de si Leon quiso quedarse en la KGB, como se supone que dijo, pero fue miembro del servicio secreto ruso hasta mediados del año 1966, en plena guerra fría.

Por fin, a comienzos del año 1967, cuando Good Vibrations ya había sido un éxito mundial, el régimen comunista le liberó del KGB y le dejó trabajar en el Conservatorio de Música de Moscú. Donde inventó su pasión, sus famosos “cellos electrónicos” o el increíble Terpsitone, que convertía en música el sonido de la danza.

Veinte años después, caído el régimen de los soviets, Leon pudo salir de Moscú. El cineasta Steve Martin le había invitado a Nueva York para formalizar un documental sobre su vida y para recrear el sublime sonido del Theremin, con la maravillosa Clara Rockmore.

La muerte de Moscú

Los rusos le volvieron a dejar salir de Moscú en enero de 1993. El régimen comunista estaba muerto y Boris Yeltsin guiñaba los ojos al capitalismo de George Bush. Después de haber vivido como un perro, el genio, el ex-agente de la KGB podía darse un baño de masas en un inmejorable homenaje en el Conservatorio de Música de La Haya, donde se atrevió a dar su último concierto de música con su increíble Theremin, a pesar de que ya tenía que soportar 97 años.

Pero cuando regresó a Moscú encontró su dacha destrozada. El vandalismo había ejercido toda su violencia con los Theremins rotos, destrozados, sus papeles, su álbum de fotos, toda su vida. ¿Por qué? Nadie sabe la razón exacta. Se ha dicho que su vecino lo odiaba y que no soportaba el sonido misterioso del invento de Leon. Pero, ¿quién sabe? Sería incluso patético deducir que un cabreado vecino hubiera destrozado los recuerdos de un genio.

La hija de Natalia recluyó a su padre en un pequeño apartamento de dos habitaciones en Lewinsky Prospekt. Leon estaba otra vez encerrado, pese a su alergia a la claustrofobia. La primavera y el verano estuvo recluido entre quedas paredes en un estado catatónico depresivo.

El dos de noviembre, el cineasta Steve Martin presentó en la BBC su magnífico documental Theremin: Una Odisea Electrónica. Leon nunca pudo verlo. Moría al día siguiente del estreno en su pequeña habitación. Pero como escribió Bulat Galeyev, su gran amigo: “Siempre he querido creer que si en realidad existen los ángeles, ellos se llevarían al paraíso a este inmortal Fausto soviético, incluso con su carnet del partido y la descripción del maravilloso invento, el Theremin”.

Andros

diciembre 1st, 2015

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