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TEMAZCALES

Martes, 07 Agosto 2012

Los antepasados del moderno baño sauna tienen un espíritu religioso. Sus orígenes se pierden en el amanecer de la historia, y su práctica sobrevive gracias a la tradición oral de las comunidades indígenas.

Los temazcales son los antepasados de nuestros modernos baños sauna y finlandés, con una importante diferencia: tienen un espíritu religioso. Sus orígenes se pierden en el amanecer de la historia, y hay vestigios de su práctica en diferentes culturas.El temazcal mexicano es de origen prehispánico. Su nombre, de raíz nahuatl, significa casa de vapor (Temaz – vapor, calli – casa), y sobrevive gracias a la tradición oral de las comunidades indígenas.

altTécnicamente el temazcal sigue el mismo principio que sus parientes modernos. Se realiza en una estructura cerrada de pequeñas dimensiones donde se introducen piedras calentadas al rojo vivo. Sin embargo, un elemento le da una identidad singular al baño mexicano: no se vierte agua sobre las piedras para producir el vapor, sino una infusión de plantas medicinales. Luego, la experiencia es conducida por un guía que va aplicando prácticas de índole terapéutica o ritual: aromaterapia, cantos, visualizaciones y ejercicios de meditación que sirven para orientar las emociones del grupo. Cada ceremonia puede tener un carácter muy diferente según el chamán a cargo (llamado temazcalero, curandero o sudador).

UN TEMAZCAL MASIVO

altVisité dos temazcales en la zona de Puerto Vallarta, junto a mi amigo venezolano Yang, un fotógrafo bien empapado en la religiosidad mexicana, y Daniel, un director de cine explorador de nuevos territorios.

El primero fue cerca de Ixtapa, bajo la dirección de Tío Manuel, un temazcalero de visita en la zona. Cuando llegamos había casi 40 personas congregadas en torno a una gran fogata, en un terreno a metros de la zona urbana. Tío Manuel contaba que estuvo “8 años aprendiendo hasta poder dirigir un temazcal”, mientras sus asistentes alimentaban el fuego con las 33 piedras que se usarían en la ceremonia.

Antes del ritual, un grupo de hombres que acompañaba a tío Manuel en su viaje pasaron de a uno frente al fuego a narrar una experiencia extrema que vivieron semanas atrás: la Visionquest, un ritual de iniciación que requiere estar 4 días en la montaña sin agua ni comida. Cada hombre contó su historia: el sentido de la privación, las emociones y las visiones experimentadas.

Me tocó profundamente el testimonio de un moreno gigante que lloró a lágrima viva cuando recordó que pudo hablar con su madre fallecida, que pudo verla aparecer, pero que en cambio el padre “nunca llegó”. Lloraba el hombre mientras confesaba que su sueño era “volver a verlos juntos, como cuando yo era pequeño, pero mi padre no pudo llegar, no sé por qué…”

Luego de escuchar varios relatos, comenzó la ceremonia. Como por arte de magia, 37 personas entramos en una carpa (tipi) de poco más de 3 metros de diámetro por un metro de alto.

Una vez adentro todos los participantes, el procedimiento es simple: se ingresan las piedras de a una, ocho rocas volcánicas al rojo vivo, que se depositan en un hueco cavado en el centro del tipi. Se cierra la puerta y se vierte el agua medicinal sobre las brasas. El proceso se divide en cuatro “puertas”, es decir, cuatro intervalos de entre 5 y 10 minutos al cabo de los cuales se abre la puerta, el ambiente se enfría, el aire se renueva y se recomienza con otras ocho piedras. La última debe quedar junto al fuego.

El temazcal de Ixtapa me impresionó, pero por la masividad del encuentro no tuvo algunos elementos, que descubrí en el siguiente.

UN TEMAZCAL ÍNTIMO

altAprendí algo más en el segundo temazcal, que como contrapartida fue casi íntimo: solamente Yang, Daniel, el chamán y yo. Fue en una finca aislada de las afueras de Bucerías.

El temazcalero se presentó como Francisco Cárdenas “Panchito”, un hombre humilde y sabio que se tomó su tiempo para explicarnos cada paso. Antes de comenzar, untó las piedras, que ya ardían en la fogata, con copal. Luego saludó a los cuatro puntos cardinales: “Al Este, al Padre Sol; al Sur, a la Madre Agua; al Oeste, a la Luna, a todas las madres que murieron pariendo a sus hijos; al Norte a los ancianos, a los abuelos volcanes…” Finalmente saludó hacia el cielo –el centro del universo- e hizo una reverencia al suelo –el centro de la tierra.

Entonces entramos al tipi, un pequeño recinto armado con palos, lonas y cueros, pronunciando la frase “Por todas mis relaciones”, que es la forma ritual de pedir permiso. Una vez adentro, Panchito explicó que el agujero en la tierra donde se depositan las piedras simboliza el útero, y el tipi es el vientre. Por eso el temazcal simboliza un volver a nacer: los participantes se introducen en el vientre de la madre y vuelven a nacer, limpios, higienizados, dejando atrás dolores, malestares y enfermedades.

El chamán recalcó que esta tradición pertenece a muchas culturas de la tierra, que se han hallado restos de temazcales en las sabanas de Siberia o en los Andes peruanos. Me sentí súbitamente hermanado con antepasados desconocidos, nuestra familia remota tan a menudo olvidada.

Aquella tarde Panchito condujo una sesión completa, con cánticos, presentaciones personales, catarsis y oraciones. También hubo contacto directo con la tierra, con todos de panza sobre el suelo, en el interior ardiente del tipi. En la despedida recuerdo abrazos emocionados, y al regreso, un sueño reparador y profundo.

¿Qué beneficios ofrece un temazcal?

El temazcal actúa depurando las vías respiratorias y el aparato digestivo, y tonificando el sistema nervioso. También ayuda en problemas óseos, musculares y ginecobstétricos a través del calor del baño y las propiedades curativas de las distintas plantas que en él se utilizan.

También tiene cualidades de orden espiritual. La relajación que la experiencia genera incita a la introspección, la reflexión y hasta una diferente percepción del tiempo.

Claudio Guevara

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